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De Quimeras y Ensoñaciones

Parte diario de amor y guerra

El historiador depositó sobre la mesa uno de los libros que había extraído de entre la multitud de anaqueles que abarrotaban el interior del nuevo edificio del Segundo Depósito de la Biblioteca Nacional.
La labor de catalogación e investigación de aquellos cientos de miles de libros no había hecho más que comenzar, una ruda y tediosa labor le aguardaba, cierto era que la mayoría ya tenían su propio índice e historial, pero los de aquella sección aun permanecían descatalogados e inéditos a ojos humanos contemporáneos.
Tanto en el lomo como en la portada del libro se leía grabado en papel de oro “Mi diario”, lo abrió con delicadeza, en la primera página leyó a grandes letras y centralizado: Diario de M.T.R. A continuación pasó la página y notó como por cada una de ellas había un relato, por un día de la vida de M.T.R., una página escrita. Caligrafía tosca pero legible. Y el diario empezaba así:

21 de agosto de 1938: Barcelona. Las noticias que nos llegan del frente son contradictorias, aquí no hay lugar para el desánimo, estamos siendo arengados por nuestros superiores, nuestro sargento y el teniente nos gritan que la guerra ya está ganada, pero entre los soldados vemos como cada día los heridos y muertos son más numerosos, ahora los bombardeos suenan más cercanos y más fuertes.

25 de agosto de 1938: Por la Mañana. Ramón ha sido herido gravemente, sangraba mucho, trozos de metralla han acribillado su cuerpo, la bomba ha caído tan cerca que el ruido de la explosión ha debido perforar mis tímpanos, no oigo nada por el oído derecho, no oigo quejarse a Ramón, aún puede mantenerse en pie, arrastrándole, tirando de él, a veces ayudado por otro soldado, he conseguido llegar al hospital de campaña.
Por la tarde. Hay más de treinta soldados y civiles repartidos sobre camastros mal adecentados, se huele y se ve el olor de la sangre, se palpa y se oye el quejido de los heridos. El capitán médico me ha retenido contraviniendo mis órdenes de volver, mis escasos conocimientos sanitarios le son imprescindibles. Mandará orden a mi compañía en tal sentido, diciendo que me toma bajo su mando. Aquí el trabajo es agotador. Ramón está esperando. Creo que se muere.

27 de agosto de 1938: La ayudante del cirujano más bonita del mundo me ha informando sucintamente del desarrollo de la intervención quirúrgica a Ramón, completamente vestida de verde, excepto la cofia en la que se recoge su pelo, me ha mirado azarosamente a los ojos. Se llama Raquel. Bajo los efectos de la anestesia, Ramón no ha podido superar la prueba, había perdido demasiado sangre. Le habían abierto una vía en el brazo para transfundirle sangre, pero todo ha sido en vano. Las heridas eran demasiado graves. Raquel me informa que una parada cardiaca y respiratoria ha acabado con su vida. Ella manifiesta más turbación al darme la noticia, que yo mismo al recibirla.

30 de agosto de 1938: Los heridos se acumulan por todas partes, los más leves yacen en el suelo, ya no hay camas para todos. Estoy aprendiendo rápidamente, al lado de Raquel, a tratar las heridas, a suministrar calmantes, a cortar hemorragias, a inyectar suero fisiológico, a trasladar a los enfermos, a hacer vendajes, a mantener todo lo higiénicamente posible este lugar, y sobre todo a hablar con ellos y preguntarles por sus amigos y familias, eso, según Raquel, es la mejor medicina.

3 de septiembre de 1938: Hace una semana que Raquel y yo compartimos realmente el horror de esta guerra civil. Ella es muy bonita. Creo que me estoy enamorando. Pero no hay realmente mucho tiempo para estas bobadas. Las medicinas están escaseando. El frente nacional avanza. Las noticias de los soldados heridos son desalentadoras, nuestro ejército está cansado y diezmado, no importa que las noticias desde el Gobierno en Barcelona, dirigido por Negrín sean positivas y manifiesten victoria tras victoria, eso no es cierto, eso es información para enardecer los ánimos de nuestros hombres, sé que desde la primavera, desde la batalla de Teruel, cuando los rebeldes tomaron la ciudad y empezaron a avanzar sobre el Mediterráneo, la zona controlada por nuestras fuerzas han quedado divididas en dos. Creo que estamos perdiendo la guerra.

9 de septiembre de 1938: Raquel y yo nos hemos besado en la intimidad de la noche. Te quiero. Eres lo único real de este irreal mundo. Cuando me miro en sus ojos olvido por un breve momento los uniformes manchados del rojo grana de la sangre y los gritos de dolor y veo lo afortunado que soy de tenerla a mi lado.

12 de septiembre de 1938: Curiosidades de la vida, escribo recostado sobre una colchoneta, soy uno más de los enfermos de este Hospital de Campaña, la fiebre me devora pero no dejo que se apodere de mí, hay mucho que hacer, me necesitan. Raquel está a mi lado, mimándome, y no se lo permito, hay montones de heridos a quien atender, esto pasará, solo necesito descansar un par de horas. Raquel está cada día más hermosa y yo más enamorado. Es omnipresente, incasable y siempre de buen humor, es el alma de este sitio. Llevamos tantas horas juntos, trabajando codo con codo, luchando, salvando vidas, curando, lavando heridas, que parece toda una vida entera, que no cambiaría por nada, ni tan siquiera cambiaría estos días a su lado porque la guerra terminase, ni tan siquiera por eso. Ya no entiendo mi vida sin Raquel.

15 de septiembre de 1938: Las noticias del frente son malas, nuestros hombres no aguantan las posiciones y retroceden hacia Barcelona, se habla de escaramuzas e incursiones, resuena mucho un nombre, la Batalla del Ebro, cada vez vemos pasar más gente en lo que parece una retirada sutilmente programada. Creo que nos hallamos batiendo en retirada. Estamos perdiendo la guerra. Y no tengo miedo de que alguien lea este diario, ya que me formarían un tribunal de guerra por estas palabras de derrota, pero es lo que siento y veo todos los días y Raquel comparte mi opinión y el capitán médico también.

18 de septiembre de 1938: Los nacionales están intensificando su fuego, las explosiones son continuas a nuestro lado, un obús perdido ha destrozado la escuela, ahora hay muchos niños muertos y los heridos comparten cama con soldados. Son tan pequeños e inocentes. Maldita guerra. Que termine de una vez. He visto derramar lágrimas a Raquel cuando llevaba en brazos el cuerpecito de una niña moribunda, pero se ha sobrepuesto. No hay lugar a sentimentalismos. Tenemos muchas vidas que atender. Hoy ha sido el peor día de todos. Había quince niños en la escuela, uno ha muerto en mis brazos. Maldita guerra. Maldita.

19 de septiembre: Si no descanso es por no pensar, si pienso en ese niño me derrumbaré. Si Raquel no estuviera a mi lado hubiese preferido estar en el frente que ver lo que ven mis ojos en este hospital. Gritos, alaridos, quejas, súplicas. Los calmantes se están suministrando a los casos más graves, son racionados y esto parece un manicomio. Dormimos poco o nada. Tenemos poco tiempo para estar juntos, pero son momentos muy intensos.

22 de septiembre de 1938: Los nacionales están a las puertas, hemos recibido orden de retirada. Los enfermos menos graves van sido desalojados en camiones militares.

23 de septiembre de 1938: Raquel y yo hemos celebrado una ritual e imaginaria ceremonia. Nos hemos casado. El capitán médico ha sido nuestro ordenante. Hemos hecho el amor. ¿Volveré a verla? . Te quiero, Raquel, te quiero.

24 de septiembre de 1938: La he visto por última vez, alejándose en un camión, el último que ha partido hoy, secando el sudor de la frente de un herido. Tan solo quedan los heridos que no pueden ser trasladados. Carros de combate, tanquetas, soldados a pie y milicianos pasan en retirada, siguen llegando heridos muy graves.

2 de octubre de 1938: Seguimos aquí, desde que Raquel se fue no he vuelto a escribir. Siguen pasando tropas en retirada, estamos huyendo. Ya nada evitará que esta guerra termine y la hemos perdido. Cataluña se está rindiendo. Aún resistimos, pero mi pesimismo, sin Raquel a mi lado es cada vez mayor.

15 de octubre de 1938: Muchas cosas han pasado. Formo parte del convoy que se retira hacia Barcelona, el hospital ha dejado de ser un hospital militar de campaña y ha quedado en manos de civiles, estamos a las puertas de la ciudad. He buscado a Raquel por todas partes. Imposible. Esto es el caos, ya no hay ejército organizado, ya no hay nada. Filas de personas nos retiramos hacía la frontera. Barcelona no resistirá muchos días, los suficientes para permitir que alcancemos Francia. Busco desesperadamente entre las filas a Raquel, en cualquier lugar donde parece encontrarse un centro de heridos, pero no hay pistas. Aun tengo muchas esperanzas de encontrarla y empezar una vida nueva juntos fuera de mi patria, fuera de mi España.

1 de diciembre de 1938: No se el porqué aun conservo este diario, has estado perdido entre mis ropas y eso te ha librado de la destrucción. Me engaño a mi mismo, aún sigues aquí porque cuando te releo veo a Raquel a mi lado, los momentos vividos juntos en el Hospital de Campaña, los momentos vividos a tu lado Raquel, son lo único que tengo, lo demás ya está perdido, y es lo único que me consuela en estos días de tan intenso frío. ¿Cuántas veces no me habré sentido tentado a arrojarte al fuego para calentarnos?. Estamos cruzando los Pirineos, pronto alcanzaremos el exilio, puede que sea peor que la muerte.

28 de enero de 1939 : Estamos en una especie de campamento de refugiados en el sur de Francia, en estos días me he movido mucho por todas partes, buscando, preguntado. Nadie sabe nada de Raquel. Las noticias que llegan de España dicen que Barcelona ha caído. Pronto caerá España entera.
Raquel, Raquel, Raquel. Te extraño tanto.

5 de abril de 1939: Hoy he vuelto a ti para escribir mi último episodio, mi último capítulo de este diario.. Han pasado dos meses desde la última vez y raramente aún te conservo. Los partes de guerra que nos llegan dicen que Madrid capituló ante el enemigo a finales de marzo y unos días después el último bastión que nos quedaba, Valencia. España se ha perdido para siempre. ¿Habré pérdido para siempre a Raquel?.
La situación en el sur de Francia es complicada, las esperanzas de encontrar aquí a Raquel son practicamente nulas, ya no tengo lugar donde no haya buscado o preguntando. He tenido conocimiento de que mucha gente ha partido en barcos hacia América, hacia Argentina. Es mi única esperanza de encontrarla.

El historiador pasó delicadamente la penúltima página escrita del diario y leyó en la última las siguientes palabras, en caligrafía doble y rotulada. : Hemos perdido la Guerra. Te quiero Raquel.
Dejo el libro sobre el anaquel y continuó con su labor de investigación.
Al día siguiente, uno de sus ayudantes, portando un ordenador portátil, transcribía letra por letra el contenido de aquel diario a su disco duro y de este a papel impreso.
Ahora comenzaba una labor detectivesca por registros, partes de guerra, noticias amarillentas, partes de defunción, exiliados, memoria del olvidado pasado. Realmente algo mucho más intrincado y enrevesado que la investigación en una biblioteca, aunque aquella labor no la iba a realizar el historiador, sino algún que otro amigo periodista con el que trabaja como colaborador y a quien también le interesó la historia.
Y algún tiempo después, tras ímprobos esfuerzos y pesquisas no carentes de dificultades periodisticas se publicó una noticia en la portada de un diario que resumidamente decía:

“ Barcelona. 26 de Agosto de 2004 .Gracias a una labor encomiable de investigación ha sido posible reunir simbólicamente en una tumba del cementerio de nuestra ciudad, los restos de dos españoles. Un exiliado de la guerra civil, que murió en 1968 en Argentina, quien nunca dejó de buscar a una mujer llamada Raquel de la cual se hallaba enamorado, pero a la que nunca pudo encontrar, y a una joven enfermera que falleció en Barcelona a finales de 1940, el año siguiente a la finalización de nuestra guerra fratricida, depositando sobre su tumba un ramo de flores, el hijo de ambos, de 65 años de edad, quien fue concebido en plena postguerra, tres meses antes del fallecimiento de Raquel, su madre, y a quien le fue entregado por parte del director de la Biblioteca Nacional, una copia del diario personal de su padre y quien gracias a la labor periodística de este diario ha logrado encontrar el eslabón perdido de sus orígenes, de su familia“

1 comentario

white -

me has hecho llorar, soy demasiado sentimental y tú demasiado bueno describiendo emociones